Colapso y fragmentación de Norteamérica
Los tres antiguos gobiernos federales conservan reconocimiento simbólico pero carecen de capacidad real para imponer decisiones fuera de sus núcleos administrativos. Veinte regiones autónomas controlan el territorio con distintos grados de legitimidad: algunas mantienen instituciones civiles funcionales, otras dependen de milicias armadas o de estructuras del narcotráfico para mantener el orden. Las fuerzas armadas de los tres países se han fragmentado en mandos regionales o personales, sin cadena de mando unificada. El comercio interregional sigue existiendo pero depende de acuerdos ad hoc entre gobernadores, capos y consejos empresariales. La banca, la energía y la agricultura permanecen en manos de grandes corporaciones cuyos dueños negocian directamente con las nuevas autoridades regionales. La frontera entre México y Estados Unidos se ha vuelto una zona de control mixto donde milicias estadounidenses y cárteles mexicanos operan rutas de suministro paralelas.
El 4 de julio de 2027, Estados Unidos, México y Canadá ya no funcionan como estados unificados. El colapso económico e institucional de los últimos años ha dejado el poder real en manos de gobernadores regionales, magnates y milicias o cárteles armados. No hay guerra declarada entre las nuevas regiones, pero la legitimidad, las rutas comerciales y el control de las fuerzas armadas fragmentadas están en disputa abierta.
Un gobernador o líder regional necesita el reconocimiento de al menos dos regiones vecinas para obtener legitimidad internacional. Las milicias y los cárteles requieren rutas de suministro abiertas -carreteras, puertos o cruces fronterizos- para mantener su capacidad militar; si esas rutas se cortan, su capacidad se degrada con el tiempo. No existe mando militar federal unificado en ninguno de los tres países: las unidades del antiguo ejército siguen lealtades regionales o a comandantes individuales concretos. El comercio entre regiones fronterizas de Estados Unidos y México solo se mantiene si ambas partes cooperan activamente; su ruptura golpea primero a la región económicamente más débil.