La Tierra enfrenta una invasión biomecánica global mientras nace la Fuerza de Defensa Planetaria.
La humanidad conserva sus gobiernos y fuerzas armadas, pero la invasión obliga a coordinar ejércitos nacionales y, después de las primeras batallas, crear la Fuerza de Defensa Planetaria. Chile, Brasil y Argentina forman un frente sudamericano con Santiago como uno de los principales centros de mando. Los Invasores poseen fuerzas terrestres, aéreas, espaciales y marítimas, además de unidades biomecánicas especializadas y naves nodrizas capaces de fabricar nuevas tropas. Los primeros éxitos humanos no revelan todo su poder: una nave nodriza capturada permitirá descubrir la existencia de un vehículo autónomo secreto capaz de destruir tanques y Varcon en segundos.
El 9 de octubre del año 250, miles de cápsulas alienígenas caen simultáneamente en zonas costeras de todo el planeta. Las primeras fuerzas humanas responden por separado mientras ciudades y bases sufren ataques. La tecnología invasora es muy superior, su objetivo es desconocido y la guerra comienza con comunicaciones que se degradan rápidamente.
Las órdenes militares requieren una cadena de mando creíble y las fuerzas nacionales deben coordinarse con la FDP para operaciones multinacionales. Las unidades alienígenas pueden adaptar su composición y desplegar nuevas tropas mediante recursos y estructuras de fabricación. La ingeniería inversa de tecnología alienígena puede desbloquear mejoras humanas, pero exige capturar y estudiar sistemas enemigos. Las armas nucleares no se emplean contra zonas habitadas ni contra territorios que puedan volver a ser conquistados posteriormente. La superioridad tecnológica alienígena debe reflejarse en los primeros enfrentamientos; la adaptación humana es la principal vía para reducir la brecha. El descubrimiento de la nave nodriza y del vehículo secreto debe depender de acciones de investigación y captura, no de conocimiento inicial de los ejércitos humanos.