Marco Aurelio y la ruptura de la Pax Romana en el Danubio.
El Imperio Romano domina el Mediterráneo, Hispania, las Galias, Britania, Egipto y buena parte de Oriente Próximo bajo la autoridad de Marco Aurelio, pero la peste antónina ha diezmado sus legiones y vaciado el tesoro tras la guerra pármica de la pasada década. Más allá del Danubio, una mosaico cambiante de pueblos germánicos y sármatas —marcomanos, cuados, yázigos, naristos, cotinos, buros, lombardos— compite y coopera bajo presión migratoria desde el norte, donde los godos avanzan desde el Vístula. En el este, Partia guarda una paz reciente y frágil, y el rey cliente de Armenia vigila la frontera del Éufrates. Las noticias circulan por las calzadas y las rutas navales a la velocidad de un jinete o un barco, y los gobernadores provinciales conservan amplia autonomía de mando mientras esperan instrucciones de Roma.
En el verano del año 170 d.C., una coalición de marcomanos, cuados y sármatas yázigos liderada por el rey Balomar ha aniquilado un ejército romano cerca de Carnuntum, arrasado Opitergium y sitia ahora Aquileya: la primera vez en más de dos siglos que un enemigo extranjero pisa suelo itálico. A lo largo de todo el limes del Danubio, gobernadores, legados de legión y reyes tribales deben decidir cómo actuar mientras Roma reorganiza su defensa y vigila con inquietud la frontera parta.
La peste antónina reduce la disponibilidad de refuerzos legionarios y puede debilitar a cualquier ejército que permanezca mucho tiempo concentrado en campamento. Ninguna legión puede cruzar el Danubio en campaña sin autorización del emperador o del gobernador provincial correspondiente. La coalición bárbara depende de la cohesión en torno a Balomar: si esta se rompe, cada pueblo actúa por su cuenta y pierde capacidad ofensiva conjunta. Mientras Aquileya permanezca sitiada, las comunicaciones terrestres entre Roma y el norte de Italia quedan cortadas y deben pasar por mar desde Rávena.